Pero los problemas no solo vienen del trabajo. También están nuestras familias. Mi madre, siempre pendiente de las apariencias, empieza a preguntarme por qué David y yo pasábamos tanto tiempo con Carter. Mi respuesta evasiva no hace más que alimentar su curiosidad, y pronto la situación se vuelve insostenible. —Ada, la gente está empezando a hablar —me dice, mi madre un día, con esa mirada inquisitiva que tanto odio—. He escuchado comentarios en el club social. ¿Qué está pasando entre tú, David y ese chico? La gente dice cosas… raras. Me quedo en silencio, sin saber cómo responder. No quiero mentirle, pero tampoco puedo contarle la verdad. Sé que no lo entenderá. Las preguntas y los juicios comienzan a crecer, primero en pequeños círculos, y luego en espacios más públicos. Los amigos má

