— ¿Sigues estando molesto?— pellizco sus mejillas. Dave suelta un resoplido y niega. — No. — ¿Entonces estás cansado?. — No, amor. Estoy bien. Sé que me miente, está cansado, desde hace dos calles que me lleva en su espalda. — Dave… caminaré. — Estoy bien, amor. — ¿Dave…? — ¿Umh? — te amo. Lo veo sonreír de lado y más tranquila, acomodo mi mejilla en su espalda y suspiro. Después de diez minutos más, llegamos al hotel, con un poco de pena, pues hay que pagar la multa por haber perdido la bicicleta, o más bien los daños por haberla hecho placa de circulación en lugar de bicicleta. — en verdad lo siento y… muchas gracias. Dave se disculpa con el sujeto del alquiler de vehículos, quien en lugar de escupir rayos por la boca, se dedica a sonreír amablemente, o más bien, con alegrí

