VALENTINA ¡Vamos que no es cierto! Mi boca caía hasta mis rodillas, y si no era así, así se sentía. No podía creer lo que estaba viendo. —¿Qué es esto?— pregunto, casi sin ánimos de escuchar la respuesta, después de todo la estoy viendo impresa en aquel delgado papel. Max sonríe, mostrando el sexy hoyuelo en su mejilla izquierda, y camina hasta quedar frente a mí. —Eres mía, tú en todo tu esplendor.— —¡Estás demente!— exclamo casi a la ligera, tomando aquel papel con ambas manos y rompiéndolo en muchos pedazos.— ¡Infamia!— Una deliciosa y adictiva infamia. —Esa solo era una copia.— —¡Tú eres solo una copia!— lo señalo. Se encoge de brazos. —de hecho sí, algo como eso.— le resta importancia. Por eso era tan importante que leyera aquel contrato antes de firmarlo, me negaba a cree

