Eros se levantó para refugiarse en mis brazos, mi hermano me acariciaba el cabello. —Ya Virgi, no llores, no llores hermanita. No sé en qué momento mis padres se levantaron y también se unieron al abrazo, mi alma lo necesitaba, nos quedamos de ese modo, llorando por mucho rato. —¡Ay, hija! Tanto por hablar. —Perdónenme, yo necesitaba permanecer lejos, sé que fui egoísta, pero entiéndanme, no tiene nada que ver con el amor hacia ustedes. Es solo que necesitaba poner distancia, para no odiar a Alejandro o terminar mendigando afecto. —Mami tengo hambre. —miré a Eros sonriendo. —Tu abuela te va a hacer una rica cena, ya verás mi amor. —Le llenó el rostro de besos. —Mi mamá dice que eres la mejor cocinera del mundo. —me miró. —Le hablo de ustedes todo el tiempo. Necesito lavarme la

