Llegamos a la casa de mis padres, los niños estaban ahí por la incapacidad de Eros y su hermano, el cual quería acompañarlo. Les contamos que ya nada nos iba a separar, a pesar de que Ernesto sonreía, noté que no entendía y era normal, aún era un bebé para mí, lo tomé de la mano y me senté con él en la sala de estar. —Mi cielo, ¿comprendes el motivo de la celebración? —Se quedó mirándome—. Mira papi se encuentra muy feliz porque ya nada, ni nadie, solo Dios, te podrá separar de él, ¿te acuerdas las muchachas con quien te reuniste la semana pasada? —afirmó—. Ellas le dijeron al juez que tú eras muy feliz al lado de tu padre y no de tu madre. —¡Mamá no! —Se puso a temblar. —No, ella jamás volverá a buscarte, nunca estarás con ella, sino con nosotros. Y ¿quieres que yo sea tu mamá de verd

