Isa Salir con mis hijos a comer era uno de esos pequeños refugios que me permitía respirar en paz. Quería regalarles un momento normal, lejos de oficinas, de tensiones, de todo lo que implicaba Leonard. Elegí un restaurante elegante, pero acogedor, donde los niños podían reír y la niñera ayudaba a mantener el ambiente tranquilo. Yo solo los observaba con una sonrisa suave, pensando en lo mucho que habían crecido. Pero la paz duró poco. Una sombra familiar apareció en la entrada del lugar. Leonard. Alto, imponente, con ese porte de empresario que lo hacía destacar en cualquier sitio. Traje oscuro, mirada decidida. Mis manos se crisparon sobre la mesa. Su sola presencia removía todo lo que había intentado enterrar. Nuestros ojos se encontraron, y por más que quise ignorarlo, el fuego

