Marcos se puso de pie inmediatamente y la miró con el teléfono vibrando en la mano. —Tengo que atender, seguramente es algo importante —le dijo. Salió de la habitación a paso apresurado, cerró la puerta detrás de sí y bajó las escaleras. Luana lo miró confundida. Se había alterado tanto al ver el nombre en la pantalla que la intriga la dominó. Se levantó de la cama de inmediato, caminó descalza hacia la entrada y pegó la oreja a la madera para intentar escuchar la conversación. *«Esta maldita puerta aísla demasiado los ruidos de afuera»*, pensó con frustración. Sin dudarlo, giró el picaporte con cuidado, abrió apenas una rendija y se deslizó hacia el pasillo. Avanzó agachada, casi a gatas, hasta llegar al borde de la baranda de la escalera. Abajo, Marcos caminaba de un lado a otro, ale

