Luana llegó al departamento luciendo notoriamente exhausta; se quitó los zapatos y se colocó unas pantuflas abrigadas y acolchonadas para caminar sobre la alfombra blanca. En ese momento corrió a sus pies Félix, quien se refregó contra sus piernas ronroneando y exigiendo cariño. Luana se inclinó, pese al dolor en el nervio ciático por los cólicos, lo levantó para acurrucar al gato en sus brazos y lo acarició. Luego de pasar sus manos por el suave y vibrante pelaje naranja del animal, este pidió que lo bajara contorsionando su cuerpo. Ella lo soltó y el gato salió corriendo para jugar en una estructura que le había comprado Marcos para que no arruinara los muebles del penthouse. Ella arrastró los pies cansados e hinchados hasta la cocina y se encontró con Alicia, quien preparaba algo de c

