Donald entró a la biblioteca en compañía de una señorita. —Henry, gracias por recibirnos pese al horario —espetó con fingida gratitud. —Sentate, Donald. Y decime... ¿Quién es la señorita que te acompaña? —Henry estaba sentado en el sofá de cuero con las piernas cruzadas, observándolos a ambos con detenimiento. —Es mi hija, Melody —Donald la rodeó con el brazo sobre los hombros para presentarla. —¿Melody? La última vez que la vi era solo una niña de once años. Henry se quedó observando con fijeza a la joven. Era una chica sumamente atractiva, de la misma estatura que Brenda, con el cabello rubio tomado en una coleta alta y unos ojos verdes intensos que combinaban a la perfección con el vestido que llevaba puesto. —Es que hizo sus estudios secundarios en Inglaterra y después se fue a e

