Luana volvió al presente de forma abrupta tras escuchar la voz de Alexander. —Cariño, necesito que me ayudes a sentarme de nuevo. Acerca la silla, por favor —mencionó por tercera vez para llamarle la atención. —Sí, sí, claro. Ya traigo la silla —respondió retirando la mano de la piel lisa y sin cicatrices de él. Le acomodó la ropa y se giró con movimientos calculados para acercarle la silla de ruedas. Él se sostuvo de los hombros de ella al mismo tiempo que se sostenía de una barra de apoyo de la pared. Luana hizo una mueca de dolor tras sostener con su cuerpo el pesado cuerpo de Alexander. Las diferencias de contextura físicas eran abismales. Alexander se dejo caer pesadamente sobre la silla y soltó un suspiro pesado mientras acomodaba sus piernas con calma sobre los pedales. Luan

