Marcos salió de la mansión sintiéndose un tonto por haberla presionado de esa forma luego de ese aborto espontáneo que la había dejado tan destruida. Obviamente, no le iba a contar a su padre que acababan de perder un hijo; eso pertenecía a la estricta intimidad con su novia y no estaba bien ventilarlo, y mucho menos por teléfono. La noticia de ese embarazo trunco le había despertado ciertos deseos enterrados en el fondo de su ser, pero entendía que tenía que tenerle paciencia. Cuando llegó a la oficina, se sentó tras su escritorio, se sirvió una taza de café amargo para pasar el mal trago y se quedó mirando por la ventana. En el fondo, le gustaba su vida de abogado, tener una novia linda con quien compartir la cama de noche... de hecho, planeaba proponerle casamiento en cuanto las cosas

