Dos horas más tarde se estacionaron en la entrada de un hotel de lujo. Luana miró el lugar con una especie de asombro e intriga. Simplemente desvió la vista hacia Marcos, quien le guiñó un ojo y abrió la puerta para bajar. Rodeó el auto y le abrió la puerta a ella. Ella no podía negarse. Sujetó su mano y colocó un pie en la vereda, impulsando su cuerpo hacia arriba. —¿Qué hacemos en este lugar? —se le dibujó una sonrisa nerviosa en el rostro. Marcos la sujetó de la cintura y le dio la llave del auto al valet vestido de uniforme rojo. —Creo que es momento de empezar a hacer pública nuestra relación —la impulsó hacia adelante al notar que ella se había quedado estática. Apenas ingresaron ya se robaron algunas miradas curiosas, en especial de los empleados. Todos conocían sus caras por

