Cuando Marcos salió, Mat se metió en la sala.
—¿Me puedes explicar qué fue eso? —se acercó a ella y pasó su mano frente a sus ojos al ver que no reaccionaba.
Luana estaba en silencio con la mente nublada, tocándose los labios, observando la puerta.
—Cariño, escuché todo, así que habla. Regresé antes de que llegara Elsa y te vi besándote con él; como no quise interrumpir, me fui —se sentó en una silla de escritorio.
—Tampoco entiendo nada de lo que acaba de suceder —Luana estaba congelada por completo.
—Qué hombre, me muero de la envidia —suspiró—. Creo que está loco por ti —la señaló con el dedo y dio un giro con la silla.
—No lo sé... ahora le debo una por haberme ayudado, ¿cómo le voy a pagar? —Luana seguía con la mano en los labios.
—De algo que sí estoy seguro es que te dejó completamente perdida. Puedes pagarle con tú sabes qué... bueno, con lo que él quiere —se mofó de ella.
—¡Mat! No digas cosas así. Pero pudo callar a esa loca; realmente, su cara quedó completamente sin color cuando vio su nombre —Luana estaba pensativa—. ¿Quién es ese tipo? —recordaba haberlo visto en algún lugar, antes.
—No lo sé, pero parece ser tu ángel guardián —respiró hondo—. Deberías llamarlo y hacer lo que te aconseje, no pierdas la oportunidad de perder la virginidad con un tipo así... —le guiñó un ojo y Luana le dio un coscorrón.
—¿Cuántas veces te lo tengo que repetir? —se sintió deprimida.
—¡Solo opino! A mí me pareció que él está loco por ti —levantó las manos en señal de rendición—. Algo que está claro es cómo le cerró la boca a esa perra de Elsa. Solo piensa: si no arriesgas, no ganas —le pellizcó la nariz.
—¡Fue increíble! Siempre quise ver su cara de esa forma. Y tienes razón... necesito pensarlo bien —Luana sentía que le picaba la boca.
—Por suerte te queda poco con esa familia de locos —Mat suspiró aliviado.
—Recién recibí una llamada del hospital. Alexander movió un dedo. Tengo que ir a verlo cuando salga del trabajo. —suspiró.
—Cuando despierte firman el divorcio y ya.
—Lo sé, es que me siento terrible hablando de esto cuando él no tiene voz para defenderse.
—Ya la tuvo y la desaprovechó. Tranquila, todo va estar bien. Ya se van a divorciar y vas a ser libre.
—La casa donde vivo es de ellos —respiró hondo—, supongo que no me queda mucho tiempo allí. Es una de las cosas que más me preocupan —miró al piso, pensando en las palabras de Camila.
—Sabes que puedes venir conmigo. Tengo una habitación de sobra, puedes quedarte hasta que encuentres un departamento propio —le tocó el hombro y la miró con cariño.
—¡Gracias, Mat! Estoy muy feliz de ser tu amiga. Tienes razón, por suerte no tengo nada más que ver con esa mujer. Me hizo la vida imposible desde que me conoció, nunca me quiso —se sentó al lado de él y apoyó su cabeza en su hombro.
—Ahora debes salir y comenzar una nueva vida, tómalo como un renacer —la rodeó con sus brazos y la miró con sus ojos color miel.
—Lo haré, seguiré adelante —espetó emocionada.
Al final del día, cuando estaba quitándose la chaqueta, se le cayó algo del bolsillo.
—¡La cadena de Marcos! —exclamó hablando sola y se agachó para recogerla del piso. La cadena era de oro con un grabado: *"Para que siempre me lleves en tu corazón. Mamá"*. Percibió que debía tener un gran valor sentimental para él.
—Señorita Todorov, mañana puede tomarse el día, es una recompensa de la clínica por el malentendido —habló su jefa, mientras Luana salía del trabajo.
—Está bien, muchísimas gracias —ella asintió y salió satisfecha.
—Mañana aprovecharé para devolver la cadena y buscaré una forma de recompensar su ayuda con dinero —murmuraba para adentro. Ella no quería involucrarse sentimentalmente con ese hombre; si él era realmente un magnate multimillonario como dijo Camila, sería todo color de rosa al comienzo y luego, cuando se cansara de ella, quedaría completamente desconsolada. Acababa de salir de un evento desgarrador y no quería tener más cosas por las que preocuparse.
Lo primero que hizo al salir fue conducir rumbo al hospital.
Cuando llegó al estacionamiento subterráneo se masajeó el cuello tenso y bajó. Caminó hasta el ascensor y mientras subía movió la pierna con frenesí. La puerta se abrió y caminó a pasos agigantados hasta la habitación de su esposo. Apenas entró encendió la luz y se acercó para sujetar la mano de Alexander. Le peino el cabello con la otra mano lo miró con remordimiento.
—Lo siento. Nunca quise que las cosas terminen de esta forma. De verdad quería estar contigo. Espero que despiertes pronto.
Alexander apretó la mano que era sostenida por la de ella ligeramente.
Luana se quitó el bolso y agarró un recipiente con agua y comenzó a bañar el cuerpo de Alexander, por suerte las heridas de su cuerpo y cabeza ya habían cicatrizado.
Lo secó, los vistió con una bata limpia y lo tapó con cuidado.
Se sentó junto a él y no pudo evitar estallar en llanto.
—Despierta, quiero escucharte. —le ordenó.
Solo un ligero tic en el ojo.
—Bese a otro hombre Alexander, lo siento, pero lo hice. —confesó con un nudo en el estómago.
La puerta se abrió e ingresó el médico que la llamó esa mañana.
—Es bueno verla. Como le digo. Su esposo la extraño. Mire como movió la mano que usted sostiene. Aunque él esté dormido escucha y siente todo lo qué pasa a su alrededor.
Luana asintió.
El médico se despidió después de revisarlo.
Luana permaneció toda la noche en vela junto a él. En la madrugada tomó su bolso y le dio un beso en la frente.
—Adiós Alexander, voy a volver en unos días.
Salió de la habitación y regresó a su casa con el cuerpo pesado.
Ese día quedó tan exhausta que lo único que hizo al regresar a casa fue bañarse y acostarse para dormir. No comió nada en todo el día; estaba tan alterada que no tenía apetito. Estuvo toda la noche pensando en todo lo que había pasado.
Se despertó horas más tarde por el ronroneo de Félix, que la estaba amasando con sus patas sobre su vientre.
Sentía sus labios sensibles. Su mente alborotada.
—Debo ir a devolver esa cadena lo antes posible y cortar los lazos con Marcos cuanto antes, devolveré su cadena y terminaré con este circo cuanto antes —se preguntaba inquieta por la situación.
Reunió fuerzas y se levantó de la cama, fue a darse una ducha de agua fría para refrescarse del calor que hacía. Estaba terminando el verano, había días calurosos como días más frescos, y ese día hacía mucho calor.
Eligió un vestido en tono coral sin mangas y con escote en "V", se puso unas sandalias del mismo color y se hizo una coleta en el cabello, usó maquillaje para cubrir su cara de cansancio.
Se subió a su automóvil y se dirigió directamente a la oficina de Marcos, pensando en cómo iba a reaccionar al devolverle la cadena.
Cuando llegó se topó con un edificio que parecía un congreso. Había abogados ingresando y saliendo continuamente, llevando papeles consigo. El edificio era impresionante, tanto por fuera como por dentro; las paredes tenían muchos detalles.
—Vengo a ver a Marcos —le informó a una recepcionista. Esta marcó el teléfono e informó a otra secretaria.
—Su nombre, por favor —respondió nerviosa con las manos sobre el escritorio.
—Luana, nos conocimos hace tres días, dígale que he venido a devolverle algo —expresó nerviosa; no sabía si la iban a dejar ingresar. Se quedó a un lado esperando mientras la recepcionista hablaba por teléfono.
—El señor Silvers pidió que pase a su oficina, marque el número diez en el ascensor —dijo la recepcionista con una sonrisa.
Realmente era cierto, nadie lo llamaba por su nombre de pila en el edificio.
Luana entró a un ascensor y apretó el botón del piso que le indicaron. Cuando llegó, había una recepción y una secretaria manejando unos documentos.
—Por aquí, señorita —la guio una secretaria de unos cuarenta años.
Luana entró a la oficina y se quedó boquiabierta: era toda de color verde con decoraciones de madera, parecía una oficina presidencial, incluso el escritorio era una verdadera obra de arte. Las sillas y todos los adornos combinaban dando una ilusión de sobriedad al lugar.
Marcos, al verla llegar, se levantó para saludarla y le hizo señas a la secretaria para que los dejara solos. La dirigió a unos sillones que daban un ambiente más cálido e íntimo que el escritorio, se sentó y llamó a la recepción pidiendo que les trajeran café, con algo para acompañar.
—Veo que no tardaste en venir, estaba por enviarte un mensaje para vernos esta noche... ¿Ya me extrañabas? —curvó sus labios en una sonrisa de triunfo.
—Quería agradecerte nuevamente por lo que hiciste ayer... —le dedicó una sonrisa.
—¿Qué tipo de relación tenías con tu marido y tus suegros? —preguntó seriamente.
—Es una historia larga y complicada —respondió suspirando.
—¿Estaban teniendo problemas como pareja? —apoyó su brazo en el respaldo del sofá.
—Algo así, mi suegra era el principal problema, me detestó desde el momento en que me conoció —ella empezó a llorar al recordar todo lo que había vivido, y a lo que se había enfrentado para estar con Alex. No podía evitarlo.
Marcos se levantó para tomar un pañuelo y se sentó a su lado para secarle las lágrimas.
—Puedo imaginar lo que viviste en ese matrimonio después de conocer a esa mujer —la tomó del rostro y le acarició la mejilla. Ella se sentía inmune y siempre cedía a su contacto. Justo en ese momento ingresó la secretaria con el café y lo colocó sobre la mesa ratona de madera, al percibir que había interrumpido algo, se marchó sin decir nada.
—Igual son cosas que quedaron en el pasado. Solamente me vincula el hecho legal, voy a cuidar a Alexander al hospital. —le dedicó una sonrisa.
—Bueno, cuando él despierte estarás libre para elegir a otra persona, otra familia... —colocó su mano en el hombro de ella y la acarició insinuando sus intenciones, que estaban más que claras desde el principio.
—Lógico y ahora voy a elegir bien... —sintió un leve mareo y recordó las palabras de Camila, nuevamente.
—Deberías tomar un poco de café, te ves un poco cansada —pudo percibir que algo no estaba bien en su mirada.
—Me siento bien, creo que me mareé un poco, por salir sin desayunar —no quería demorar mucho su visita. Tomó el café y comió un bocado de un cruasán que había sobre la mesa.
Marcos empezó a acariciar su largo y suave cabello castaño y se acercó un poco más a ella.