Gastón se acercó a Karina y fijó la vista en esos ojos almendrados, enmarcados por unas pestañas tan tupidas de forma natural que les daban todo el protagonismo a su mirada. Esas luces iban acompañadas por una hermosa cara salpicada de pecas y un cabello castaño claro que le caía con gracia. La chica era realmente hermosa. Para Gastón, era obvio que Marcos la había contratado principalmente para que le hiciera compañía a Luana en los lugares donde a los hombres de seguridad les costaba entrar; por más entrenamiento que tuviera, funcionaba más como una dama de compañía. Con movimientos pausados, Gastón se aproximó y le ofreció un chocolate importado bastante caro. Karina lo miró de reojo y se negó, pero él insistió, sosteniendo el dulce frente a ella. —Sé que lo necesitás. Odio ver cómo j

