Capítulo 8

1927 Words
Me estaba bajando del auto cuando me dijo: - Ariane... Me volví hacia él y le pregunté: - ¿Que pasó? - No olvides lo que pasó hoy. - Me he olvidado. - Mentí saliendo del auto. Tomó la cerveza y volvimos a entrar en el Mundo de los Sueños como si nada hubiera pasado. Noté que Samantha no parecía muy cómoda cuando se dio cuenta de que había salido con Jonathan. Pude verlo en sus ojos. - Que tarda. - Dijo Mari abriendo una cerveza fría. - El almuerzo ha estado listo por un tiempo. Gisa la abrazó por detrás y le hizo cosquillas, diciendo: - ¿Estás celosa, Mari? - Claro que no. – dijo con seriedad. Gisa también abrió una lata y dijo: - Que bueno que sacaron mas cervezas o que seria de nuestra parrillada? Iba a hablar, pero Samantha me hizo a un lado y me preguntó: - ¿Por qué te fuiste con él? Su voz era baja para que nadie la escuchara. - Cálmate, Samantha. Esta todo bien. - yo dije. - Podría haber dicho que no cuando te invitó... Entonces podría haberme invitado. - Pero... Necesitaba hablar con él... Sobre ti. - ¿Y habló? – Su valentía dio paso a la curiosidad y ya estaba mucho más tranquila. - Sí. - Entonces cuéntamelo todo y no escondas nada. - Samantha, creo que mejor hablamos en casa. Ahora no. - Yo pregunté. Quería disfrutar el día y no volver a hablar de ella y su relación. - Maldición. - dijo ella saliendo. Fuimos a almorzar. Me quedé en silencio, porque no podía dejar de pensar ni por un minuto. Samantha ocupó todo mi tiempo con sus problemas con Jonathan y casi logró que me perdiera el domingo también por ella. ¿No podría ser el centro de atención ni siquiera por un día? Confieso que en el club, cuando estaba con Jonathan, me hubiera gustado no pensar en ella, hacer como si no existiera… aunque sea por unos minutos. Pero sabía que estaba demasiado en lo cierto como para simplemente sacarla del juego. Después de todo, ¿qué es lo que realmente quería? Ni siquiera sabía... Jonathan había traicionado a Samantha y ella rompió con él. Y sentí pena por ella y tenía razón, pero ahora veía que en realidad no era una traición, ya que tenían una relación “abierta”, que ni siquiera estaba segura de cómo funcionaba. Dijo que ella también tenía relaciones con otros hombres, lo cual no lo dudo, ya que él sabía muy bien cómo era ella. Y la fidelidad nunca fue su punto fuerte. Al menos no con respecto a los hombres. Además, a él no le gustaba ella. La propia Helena también lo había dicho. Busqué a Helena con mis ojos y la vi sola por un momento . Fui allí rápidamente. Sólo ella podía salvarme. Estaba sentada en la silla y la abracé por detrás. - Mi querido amigo... ¿Estás bien? Me senté a su lado, acercando mi silla a la suya: - Tienes que salvarme, Helena. Me voy a ir al infierno. Ella rió: - ¿Vete al infierno? Yo dudo. - Algo terrible ha sucedido. - Ari, ¿quieres que me dé un infarto? ¿Qué paso? Hablar pronto. - Yo... quiero decir, Jonathan... Helena me miró y luego me preguntó suavemente al oído: - ¿Qué pasó entre tú y Jonathan? Parecía que ella ya lo sabía. Por eso fue mi mejor amiga de por vida. Porque ella podía entenderme de un vistazo. - Él... Nosotros... Nos besamos . - Confesé avergonzado. - ¿Qué? ¿Como asi? le conté lo que había sucedido, siempre asegurándome de que nadie estuviera escuchando. - Ari, debiste intentar resistirte. - dijo Helena. – Eso… Supongo que no estuvo bien. No en este momento, al menos. - Lo sé... Todavía no sé qué pasó y cómo fui a responder a su beso. La idea de poner celoso a Therry estuvo lejos de ser inteligente y totalmente inmadura desde el principio . - Ari, ¿no has pensado en la posibilidad de que la mujer de la que está enamorado seas tú? - Claro que no. - Pero la forma de hablar y todo lo que pasó no lo descarto, Ari. Y confieso que me preocupa mucho si mi intuición es correcta. - Helena, yo no soy la mujer. Estoy seguro. - Ari, ¿puedes ser honesto conmigo? - Estoy siendo. Yo juro. - Entonces dime qué sientes por Jonathan, ¿en serio? Pensé y repensé y ni siquiera estaba seguro de lo que sentía... Pero no podía negar que sentía algo: - No sé exactamente lo que siento por él... Pero siento algo. Y estaba seguro cuando me tocó... Y cuando nos besamos. Él me hace... inseguro. Sacude mis estructuras. - Te está gustando. - Dijo Helena llevándose la mano a la cara confundida. - No. No sé si me gusta... Creo que me atrae, eso es todo. - dije sin saber a ciencia cierta si era realmente eso. - De nada sirve que te engañes, amigo. - Puede estar seguro de que en su caso, me engañaré toda la vida si es necesario. - Yo entiendo. Y si fuera otra situación, estaría animándolos a ustedes dos, créanme. Eres mi mejor amigo y él es el mejor amigo de Daniel. Tenerlos juntos sería perfecto. Pero está Samantha en medio de esta historia. Y ella es nuestra amiga. Si bien no estoy del todo seguro de sus sentimientos por él, en este punto, ustedes dos no estarían del todo bien involucrados. - ¿Y crees que no lo sé? Me siento terrible por ser débil y dejar que pasara lo que pasó... y dos veces. No quiero que me guste. - Si tan solo pudiéramos gobernar nuestros corazones, ¿verdad , Ari? Pero tú, más que nadie, sabes que no es tan sencillo. Creo que ya te está gustando. O él nunca habría devuelto los besos. Pero no creo que eso haya sucedido hoy... Este sentimiento entre ustedes debe venir de antes. ¿Qué quieres decir con que se conocen desde hace años y ahora descubrieron que están interesados el uno en el otro? De la nada te invita al club con él y se le ocurre una excusa tonta e infantil para besarte. Y lo peor... Aceptas. - ella rió. “Me estoy riendo, Ari, pero creo que quiero llorar. -No...-dije confundida. No creía que me gustara antes de hoy... Ni siquiera sabía dónde comenzaban mis sentimientos, pero estaba segura de que debían terminar. - Solo sé una cosa: el sentimiento entre ustedes parece mutuo. Esto podría lastimar aún más a nuestro amigo. - Yo... ¿Debería decirle lo que pasó hoy? Yo pregunté. - Claro que no. - Yo... no sé si tengo derecho a engañarla de esta manera. - Entiendo tu situación, créeme. Pero también me pregunto si es justo para ti. - Es justo, sí. Supe desde el principio cómo era él y su participación. No sé si a Samantha realmente le gusta o no, pero en este momento cree que sí y nunca engañaré a mi amigo. Aunque ya lo hice hoy, así que me siento terrible. - Lo peor es que te mire. - dijo Helena. – Sí, Ari, no puede ocultarlo. Y ya me había dado cuenta de eso, pero pensé que era mi locura. Ahora estoy seguro. Bajé la cabeza hacia la mesa y cerré los ojos: - ¿Lo estás mirando ahora? Helen se rió y dijo: - Sí, estoy mirando a Jonathan, que no sabe que lo estoy mirando porque solo tiene ojos para ti. Solo espero que Samantha no se dé cuenta de lo que está pasando aquí. - Helena, ¿crees que yo tengo la culpa de lo que está pasando? - Por supuesto que no, Ari. Pasó suavemente su mano por mi cabello. - Tu no tienes la culpa. Y no dejaré que te sientas así. - ¿Qué voy a hacer? – pregunté levantando la cabeza de nuevo y mirando al cielo. - El tiempo... Siempre la mejor medicina. Hoy fue el primer día. Esperemos y veamos qué sucederá. Pero creo que será mejor que trates de alejar un poco tus sentimientos y deseos por él. Al menos por ahora. - Lo intentaré... Y lo haré. Daniel llegó y se sentó. Iba a salir y me dijo: - No tienes que irte, Ariane. No muerdo. bromeó. - Puedes continuar la conversación y fingir que ni siquiera estoy aquí. - Sé que no muerdes, Daniel. Pero siempre pienso que ustedes quieren estar solos cuando están juntos. - Expliqué. - Tendremos el resto de nuestras vidas para estar juntos y solos. Necesitamos disfrutar de nuestros amigos ahora, ¿no es así, mi amor? - Dijo mirando a Helena. - Por supuesto que sí, Dani. - ella dijo. Jonathan llegó, sacó una silla y se sentó con ellos. - Ya te estaba esperando. – dijo Daniel sonriendo a su amigo. Helena y yo nos miramos. Esa frase de Daniel nos dejó confundidos, entendiendo que él sabía más de lo que demostraba. Empezamos a hablar de temas aleatorios. Traté de prestar atención y mantenerme normal, pero no pude. Estaba conmocionada por lo que había sucedido en el club. Pero tampoco quería irme de allí sin razón. Ya me había escapado de Jonathan en el bar la noche anterior y ya no era un adolescente. Necesitas enfrentar la situación de frente. Pronto, Daniel y Helena abordaron el tema de los preparativos de su boda. Durante la conversación me encontré con un Jonathan que no conocía: un admirador del matrimonio tradicional. - Helena, ¿ qué te parece dar una cena a nuestros padrinos mañana por la noche? – propuso Daniel. “Entonces podríamos terminar de arreglar el resto de las tareas de ustedes dos. - Pienso que es una gran idea. dijo Jonatán. - Pero mañana no, porque tengo una cita. Suspiré aliviado. Menos mal que no pudo ir. Y yo tampoco, porque había quedado para cenar con Carlos para hablar de Samantha. Pero no pude evitar preguntarme cuál sería su compromiso. ¿Fue una cita con alguna mujer? ¿Y si era con la mujer que le gustaba? ¿Qué compromiso tendría el lunes por la noche si no fuera una cita? En este caso, yo estaba fuera de escena, ya que la reunión era más importante que una cena conmigo. Entonces, ¿qué había pasado entre nosotros en el club no significaba nada para él? ¿Y qué significaba para mí de todos modos? Samantha estaba agarrando una silla para unirse a nosotros. Jonathan no fue grosero ni desagradable. Simplemente tomó su propia silla y se la ofreció a ella, quien se sintió halagada. Sin embargo, se fue y pensamos que era para conseguirle una silla. Pero no volvió. Todos notamos su retirada estratégica, pero guardamos silencio. Pero pensé que podría haber sido peor: él podría haberle dicho algo malo, pero no lo hizo. - ¿Has visto cómo me trata? - se lamentó Samantha. - Como mejor amigo de Jonathan te daré un consejo, Samantha. Será mejor que lo dejes. - dijo Daniel con calma. - Si fuera por mi voluntad ya lo hubiera hecho, Daniel. Ella explicó. - Pero es más fuerte que yo... No podemos controlar nuestros sentimientos. - Samantha, ¿qué tal si volvemos a nuestra casa? - Invité al ver que ella realmente no era genial. - Buena idea, Ari. Hoy ha terminado para mí.
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