Joaquín —Yo tampoco, pero es real, —susurró ella, sonriendo contra mis labios—. Y es increíble. Humedecí mi miembrø en su entrada, jugueteando un poco antes de hundirme con lentitud. Me incliné hacia atrás, apoyándome en mis manos para verme completamente clavado en su centro . Camila siguió mi mirada, mordiendo su labio inferior. —¡Ya muévete por Dios! —jadeo impaciente, alzando las caderas para enfatizar su pedido. Sonreí, orgulloso y arrogante de tenerla bajo mi cuerpo, suplicando por más. Comencé a balancear mis caderas con movimientos lentos y precisos, haciéndola arquearse hacia arriba. Justo cuando estaba por perder el control y darle más duro, escuchamos un golpe fuerte en la puerta de la habitación. —¡Tía! —se escuchó la voz de Nathan—. ¿Estás despierta? ¡Amy y yo tenemos

