Joaquín —Muero de ganas por hacer esto —susurré, y mi voz salió más ronca de lo que esperaba. No podía ocultar la necesidad que vibraba en cada palabra. Camila tartamudeó algo, apenas un susurro, como si intentara ganar tiempo o encontrar una salida a lo que estaba a punto de suceder. Pero ella no quería reconocer que ahora, nada me impediría hacerla mía. —¿Qué...? —empezó a decir, pero no iba a esperar más. No iba a darle tiempo para pensar, para razonar lo que ambos estábamos sintiendo. Me incliné y la besé, con una intensidad que podía quemar. El contacto de sus labios contra los míos fue como encender una chispa en una habitación llena de gasolina. Todo a nuestro alrededor desapareció. El mundo entero pareció detenerse, y solo existía el calor de su boca, el sabor dulce de

