Llegué al hospital con el corazón acelerado, una mezcla de preocupación y cansancio reflejada en mi rostro. Me acerqué a recepción, donde una enfermera me recibió con una mirada profesional pero amable. —Buenas noches. Estoy buscando a la paciente Valeria Rojas —dije, tratando de sonar sereno, aunque mi voz traicionaba mi nerviosismo. La enfermera tecleó algo en su computadora y luego levantó la vista hacia mí. —¿Qué relación tiene con la paciente? Por un momento dudé. La palabra “pareja” se atascó en mi garganta, pero finalmente la pronuncié con firmeza. —Soy su pareja. La enfermera asintió, sin mostrar sorpresa alguna. —Se encuentra en el quinto piso, habitación 514. —Gracias. Me dirigí hacia el ascensor, sintiendo un nudo en el estómago. Mientras ascendía, mi mente no paraba de

