Alexander Llegué a la oficina con treinta minutos de retraso sobre mi hora habitual. Nadie me controlaba el horario, pero tenía la costumbre de llegar temprano cada mañana para empezar el día con tranquilidad. Simona pareció leer la fatiga en mi rostro ya que me llevó un café bastante cargado a media mañana sin que yo se lo pidiera. "Hoy parece algo distraído, quizá esto pueda ayudarlo" Me dijo antes de retirarse, sin saber que aquella distracción era más bien una persona con cabello castaño y figura menuda. La misma que curiosamente también era mi cuñada. –¡Buenos días señor Bellini! O debería decir… Romeo… La voz estrepitosa y bufona de Sam anunció su campal entrada sin anuncio, como siempre. Luego de besar a Jordan de forma tan fogosa en el baño de su habitación, tuve que ir co

