Jordan –Apresúrate por favor… Pedí por quinta vez, mirando desde mi asiento a través de la ventana trasera del auto. Quería comprobar que ningún hombre de Fabrizio nos siguiera. –Jennifer, calma. Si voy más rápido me pondrán una multa, además, el tráfico de Roma es pésimo, pasamos cerca de cuarenta minutos estancados allí. ¿Por qué tanta prisa? Preguntó Leonida tratando de no quitar los ojos de la autopista. Me sentí tentada a contárselo pero de hacerlo era muy probable que se detuviera por la impresión o maniobrara mal. Decir que iba por el cuerpo sin vida de mi hermana gemela no era particularmente una de las más creíbles o confortantes razones para emprender un viaje así. –No me creerás si te lo cuento y es comprensible, yo tampoco creería algo así si estuviera en tu posición as

