Alexander Vi a Jennifer soltando la mano de Gian sobre la mesa para ponerse de pie e irse. Una furia inexplicable recorrió mi estómago con tan solo observar la escena. Ni siquiera había terminado de cruzar la puerta y ya empezaba a ser testigo de lo doble cara que a su corta edad podía ser. Salió por la puerta contraria a la mía antes de que llegara hasta la mesa que compartían. Quizá no podría abordarla a ella pero si a Gian y estaba dispuesto a obtener respuestas. No dejé de mirar su distraída figura en el asiento mientras caminaba hacía él hasta que una mano ajena detuvo mi prisa. Sentí un jalón en el brazo que me frenó y me dejó lelo al descubrir a la persona tras el acto. –¡Alexander! Llevo llamándote desde que ingresaste a la cafetería. –Quizá no te oí porque no es un buen

