Jordan No fue nada difícil convencer a Michaela de que me dejara acompañarla a la tienda que tenía dentro del hotel Praga. Nunca imaginé que dispusiera de su propia marca de ropa y que tuviera una preciosa colección de vestidos que no hubiera dudado en seguir admirando de no ser por la cita que ya tenía pactada. Aproveché su distracción al restarle centímetros al modelo que estaba siendo confeccionado a medida para una cliente y salí del lugar, cruzando las tiendas comerciales hasta la cafetería próxima. Vi sentado a Gian en cuanto llegué, era muy puntual y me agradó aún más saber que no tenía aquella actitud acosadora de las primeras veces. Me miró desde su lugar cuando me acerqué y mantuvo la calma en todo momento, como si estuviera dispuesto a charlar. –Creí que lo de Leonida

