Jordan Alexander no me había dirigido la palabra luego de regresar del cementerio y la escena ocurrida en el baño. Estuve de acuerdo con ello, puesto que mirarlo a la cara tras su huida inesperada no me causó más que vergüenza. Quise mantener mi orgullo intacto, pasar por mi bochorno a solas y no volver a acercarme a él, pero la situación ameritaba todo lo contrario y no podía darme el lujo de guardar lo poco que me quedaba de decencia en paz. Esa mañana, casi de madrugada, vi a Michaela abandonar la casa a través de mi ventana. Confirmé que era cierto, salía muy temprano en un viaje de varias horas a Génova a la supuesta sede de su tienda. Tomé un abrigo que parecía ser cómodo, unas zapatillas adecuadas para la ocasión, ate mi cabello en una coleta alta y salí del cuarto rumbo al es

