Capítulo 1: La última noche de Jennifer

982 Words
Las luces de toda la ciudad comenzaban a encenderse una tras otra en forma ordenada. Los faroles y los focos iluminadores brillaban con todo su esplendor combatiendo la manta oscura que empezaba a cubrir todo con la llegada de la noche. Un viejo auto color n***o, algo descuidado se estacionó muy cerca de la acera que conducía hasta el callejón cerca la playa. En aquella misma parada varios pasajeros se adentraron en la angosta calle disimulando con cierta serenidad la prisa que tenían. Las paredes que rodeaban el pasadizo estaban hechas de rocas fuertes y grises que le rasparon la piel de la palma cuando intentó apoyarse, además de ásperas se sentían algo viscosas, obligando de inmediato a que devolviera la mano a su posición anterior. El olor a humedad se podía respirar en todo el aire mientras que el ruido que provocaban las olas de la playa contigua al chocar con la arena le daban un sentimiento terrorífico a todo lo que ocurría. La única lámpara que descansaba colgada en el candelabro de fierro oxidado había escogido esa noche para dejar de funcionar, dificultando aún más su estabilidad al caminar con los ojos cubiertos y las manos atadas a la espalda. Oyó el ruido del mar cada vez más cerca… “Por ahí no pasa ni un alma” Le había oído decir a unos de los hombres que venían a su lado en todo el trayecto. Maldijo para sus adentros. Sí era una puta broma de mal gusto se la pagarían muy caro, ese tipo de chistes siempre le parecían absurdos. No podía ver mucho, todo era lóbrego y sus atacantes aprovechaban esa ventaja para camuflarse muy bien. –¿Qué rayos sucede con ustedes? –gritó de mal humor, dirigiendo las palabras a una dirección vacía a causa de la poca visibilidad– No sé qué mierda tengan planeado, pero en cuanto me libre de esto voy a hacerlos pedazos. –Es muy admirable, –Bramó con mofa desde las sombras una voz masculina que presentaba distorsión en un rango menor, pudo deducir que tenía la boca cubierta por una mascada– pese a que te han secuestrado sigues siendo tan impertinente y segura como siempre, debes tener toda la certeza de que esto es juego. –¿Son sicarios o algo así? –Ni siquiera sabía con certeza el significado de la palabra que acababa de emplear, pero, una de las características de aquella chica era que ignoraba el significado de muchas cosas, como por ejemplo, el peligro inminente– –¡Qué divertida eres! Me hace gracia que seas tan inocentona… –Escúchame bien, si crees que me das miedo estás muy equivocado, no deberías jugar conmigo, voy a decirle a mi padre que te deje en la miseria cuando le cuente lo que me estás haciendo y te va a hacer mierda ¿oíste? Vas a desear no haber nacido maldito imbécil. –Amenazó mordaz y con total libertad, como si advertir ese tipo de intenciones que tenía fueran pan de cada día– –Esas son palabras muy fuertes para una boca delicada como la tuya Jenn ¿No te apetece decir algo más para seguir desahogándote? –¿Quién rayos eres? Seguramente un desadaptado social que busca llamar la atención. Puedo asegurar que eres un fracasado en busca de dinero fácil, eso ya paso de moda, lo de secuestrar y pedir rescate ya está muy usado. Eres tan patético que puedo apostar a que pasaste planeando esta estrategia por semanas enteras… –El puño duro que golpeó su mejilla le impidió seguir con las burlas, el tipo había optado por pegarle sin reparos en un arrebato de ira, olvidando la condición de ella y sus extremidades maniatadas– Cuando recuperó la compostura sintió el sabor a sangre proveniente de su labio inferior, comprendió que no era una broma o un acto para asustarla. De verdad estaba en problemas. –¡¿Cómo te atreves a pegarme?! ¡Maldito hijo de… –Sus reclamos volvieron a ser cesados con rudeza, cuando sintió la punta del cuchillo sobre la frente, justo a la altura del medio de las cejas, el frío del acero pudo darle alcance del filósofo poder que aquel objeto tenía– –Cuida bien tus palabras princesa… –¡Tócame y juro que te voy a patear en donde más duele! –-¡Cierra la boca Jennifer! –Gritó apuntando a su pecho, la hoja filosa empezaba a hacerle daño– ¡No me jodas! ¡Cállate por una puta vez! –Luego intentó recobrar la calma– Me gustaría abrirte las venas y dejarte aquí desangrando, pero causaría un espectáculo y no nos conviene. –¿De qué estás hablando? –Las cuerdas vocales le fallaron, tembló al sentir la navaja ascender hasta su cuello, posicionándose en la tráquea– –Que perdida de mujer, hubiera podido hacer tantas cosas maravillosas contigo… –¡Aléjate de mí! ¡Aléjate! ¡Auxilio! ¡Ayuda! ¡Alguien ayúdeme! Varias manos la tocaron con el objetivo de elevarla del suelo, luego sintió pisotones y desplazamiento hasta lo que parecía ser un… ¿Risco?. La detuvieron al borde del abismo, en donde varios metros más abajo las aguas turbias del mar chocaban con rocas y malformaciones propias del océano. La última noche de Jennifer Praga se acabó rápidamente. Para buena o mala fortuna, el secuestrador se quitó la careta a la luz de la noche antes de empujarla por el acantilado. Jennifer se despidió de este mundo con un sentimiento de sorpresa en el pecho y la incredulidad al haber visto el rostro de su asesino. En ese mismo momento, desde otro lugar en el planeta, Jordan sintió un hincón en el pecho antes de caer desmayada. El impacto contra el suelo no fue tan doloroso como el inexplicable hueco que sentía en el corazón.
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