No respiro, no puedo hacerlo, me falta el aire.
Ax se desabotona una parte de su camisa
para poder inhalar aire. Con amargura y aflicción en su espíritu salió de aquella cueva donde el Ángel de la muerte hacía sus más ruin experimentos. Apretaba tanto los puños que clavó las uñas en su palma mientras está sangraba dejando destellos del líquido rojo por el piso. Una vez estuvo solo, sin nadie que lo observara hizo lo
que cualquier persona podría hacer al tener una pérdida.
—Aaaaaaaaaaaah—gritó con todas sus
fuerzas liberando la carga de emociones que
estaba sometido su pobre corazón. Así era la guerra, perder y superar para seguir adelante. Para Ax, la muerte de su pariente era sólo el comienzo de un camino de sufrimiento.
Cuando llegó a su casa encontró a una Juno
mirando a la ventana, y con lágrimas y el rostro enrojecido, corrió a esos brazos que le brindaban paz, luz en medio de tanto oscuridad. Un arcoíris en medio de la tormenta. En cambio, para Juno
solo vio a un hombre indefenso, desorientado, víctima de una ideología llena de odio y destrucción. Ellos como judíos tampoco tenían la culpa, y ahí estaban, eran sodomisados y esclavizados por el simple hecho de no pertenecer a la r**a aria.
Juno quiso decírselo, pero se lo reservó, no
era el mejor momento para reprocharle al diablo lo justa que estaba siendo la vida con él.
En sus brazos, aquel hombre arrogante, con
mirada de suficiencia y lleno de orgullo, no era nada, se desmoronaba y desvanecía. Esa era su debilidad, su corazón, lo importante para él. Y Juno era apreciada en alta estima para el diablo. Ella misma era la debilidad de ese esbirro.
Como un leon herido, el diablo enfermó con
fiebre por tres días seguidos. La chica en su
habitación lo cuidaba con la misma paciencia que la tortuga al caminar para llegar a una meta. Aunque aveces por su mente cruzaba un leve pensamiento de matarlo. Su enemigo número
uno estaba débil, postrado en una cama,
indefenso, si ellos habían matado a miles de
judios porque ella no matar a un nazis.
Una tarde después que él cayó en un sueño
profundo, Juno tuvo el impulso de aniquilarlo, de vengarse por todo lo que le había hecho, sin embargo, no pudo, no era un nazi, no era como ellos.
Los sentimientos que estaban comenzando a florecer por el capitán eran muy fuertes. La
cercanía que ambos habían desarrollado era un veneno mortal que la terminaría destruyendo. No podía olvidar por ninguna circunstancia de la vida que ese hombre frente a ella había dado la orden de ejecución de su familia, la había violado, la
había apartado de su hermano, y matado a Mara, a Sol, a Aleja. Todos los golpes que recibió, el hambre, la sed fue su culpa.
Culpaba a Ax de todo, de dominar ese
infierno llamado Auschwitz, de pertenecer a ese partido maldito, de odiarlo, de quererlo, de estar confundida con sus sentimientos.
Te quiero Juno.
Cerró sus ojos con fuerza, ni en sus peores
sueños se imaginó ser la mujer de un sanguinario.
Asimismo, después de una semana en cama,
finalmente el capitán Schulz recobra la cordura tras una carta de su amigo Ronald.
Querido y estimado amigo Ax. Fritz me ha
avisado que has estado muy mal de salud. No sé que ha sucedido, tambien me ha comentado que golpeaste justo en la cara al angel de la muerte, créeme, si lo golpeaste tendrás tus razones, ese perro no me cae bien. Sin embargo, debes tener cuidado, ha dado quejas de ti. Dice que estas enamorado de una judía y eso ha puesto en discusión tu cargo. Cabello de Ángel lo apoya, y afirma que a la hija del judío Hoffman la estas
protegiendo. Amigo mío, te quiero, y nuestra
amistad es más fuerte que las corriente de las aguas por eso te pido que te cuides de los invitados que van a Auschwitz, van con el objetivo de investigarte, quizás yo vaya con ellos y me da alegría de verte, sin embargo, a la misma vez tengo la angustia de que el general o el coronel puedan alzar el calcañar contra ti. Cuídate Ax, si es cierto que estás protegiendo a esa judía, ten precaución. Mi estimado Ax, recuperate tengo muchas cosas que contarte, cuando llegue a
Auschwitz que espero poder ir, debo decirte
muchas cosas que han sucedido últimamente.
Tuyo Ronald.
Me están investigando...
No era tiempo de quedarse postrado en una
cama porque los invitados no deseado de el
capitán iban a destrozarlo por las quejas de
cabello de Ángel y el Ángel de la muerte. Si quería proteger a Juno debía sobreponerse lo más rápido que podía al dolor y seguir adelante a cumplir sus funciones.
Ese día se puso su uniforme, y mirándose en
el espejo fingió la sonrisa arrogante que lo
caracterizaba.
Después de comer junto a Juno le acarició el
rostro con ternura.
—Juno, necesito que hagas algo por mi.
La cara de la chica se tornó confusión.
—Tendré unos invitados, quiero que te
quedes en la habitación y no salgas al menos que yo te lo diga. Esas personas que vienen son muy radicales con su manera de pensar con los judíos. Yo prometí protección y cumpliré mi palabra.
Justo cuando Ax se iba a levantar de la mesa, la joven lo tomó de brazo.
—Espera...
Los ojos se el diablo cayeron con ternura en
su Ángel de luz.
—Por favor, ayuda a Agatha, por favor Ax. Por
favor.
Sus suplicas le partieron el corazón.
—Veré que puedo hacer.
Al salir de la casa, el diablo se dirigió a la
cueva del Ángel de la muerte con una mirada
desafiante, el mismo Mengele al verlo sintió como ese depredador queria devorarlo, de seguro era porque se había quejado.
Sin embargo Ax salió de ahí para hacer recorrido por las barracas, pronto llegarían los de alto rangos y en Auschwitz tanto el lado de los hombres y de las mujeres tenía que funcionar a la perfección.
Mandó a llamar a Fritz y este le dio información sobre el hermano de Juno y le indicó cual era la tal Agatha que Juno le suplicaba que le ayudase. La vio demasiado delgada, demacrada, esa chica era puro huesos.
—¿Eres Agatha?
La mujer que lavaba la mugrosidad del suelo
se levantó de un salto bajando la mirada.
—Te hice una pregunta asquerosa. ¿Eres
Agatha?
Ella asintió.
La vista del depredador rodeó a la presa
indefensa.
—¿Que ve Juno en ti?
La muchacha de ojos triste no dijo nada.
—Eres una mugrosa, y asquerosa, y quiero
que tenga muy claro una cosa. Lo que voy a hacer, lo haré por Juno y no porque tu te lo merezca apestosa.Te llevaré a la casa—la chica sintió alegría en su corazón. El diablo la seguía mirando con desprecio—. Si fuera por mi te dejara aquí.Quiero que te quite lo apestosa que estás, y obedezca en todo porque si fallas en lo más mínimo, te volaré la cabeza, ¿queda claro?
Agatha asintió.
El soldado que te salvó el culo la otra vez te
buscará y te llevará hasta allá.
El diablo se retiró y al salir se dió cuenta que
el teniente Wolf recorria las barracas de las
mujeres como un cuervo en busca de alimentarse.
Ten cuidado amigo mío.
—Perdoname Ronald.
Caminó directo a Wolf y le dio un puñetazo en toda la boca. El teniente desconcertado cayó en el suelo escupiendo sangre.
—Si te llegas a meter con las esclavas de las
barracas, en especial, la chica que golpeaste y estuviste a punto de aniquilarla, te juro Wolf que te vuelo el culo en mil pedazos, aquí en esta mierda se hace lo que yo digo, y si yo no digo que hagas algo, no lo haces y punto. Sujetate a tu diablo y serás feliz en este infierno—con los ojos pelados, una mirada retadora, y la amenaza del
mismo, el capitán se fue a preparar todo para recibir a los superiores.
Hasta que llegó el momento.
Los invitados no deseado habían llegado a
Auschwitz.
Te están investigando.
El Ángel de la muerte se ha quejado.Dice que te has enamorado de una judía.
Ax estaba dispuesto a hacer lo que sea por
proteger a su mujer, hasta hallar la muerte en caso de que todo se complicara las cosas.
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Leo sus comentarios mis amores...