—Ya los extrañas, ¿eh? —me pregunta, apretando sus brazos alrededor de mí. Asiento con la cabeza, una sola lágrima escapa. —Sí. No pensé que los extrañaría tanto, pero realmente lo hago. —Pueden visitar cuando quieran —dice—. Oliver también. —Lo sé —digo, girando en sus brazos para poder enfrentarlo y poniendo mis manos en su pecho—. Es solo otro cambio al que tengo que acostumbrarme. Estaré bien. Solo necesito un poco de tiempo. Él besa mi nariz y me suelta, guiándome de regreso a la silla del escritorio y haciendo un gesto para que me siente. Se inclina y abre un cajón, sacando un libro encuadernado en cuero, similar a los que había visto en su oficina. —Cada m*****o de la Familia Real que está en la línea de sucesión al trono lleva un diario con información importante. Este es tuy

