Ya se sabe que sufrir de mal de amores es como marearse en un barco: a la gente tu estado le parece divertido, pero tú te sientes morir. - Rosa Montero . . . Ordenamos a la vez y le di chance a el pobre mesero que anotara los dos pedidos. La cafetería estaba bastante concurrida aunque no importaba, era la más cercana a la casa de mis padres y tenía una vista bonita. - Debo admitir que me sorprendió mucho que me invitaras a salir sólo tú y yo - Dijo ella con la mirada puesta en la mesa de madera barnizada. - A mi me sorprendió aún más el que aceptaras - reconocí y en ese momento me miró. - ¿En serio? - dijo horrorizada - Isis, me haces ver como una mala madre. - No, no mala - aseguré - Tal vez dura, pero no mala, mamá. Nunca te he considerado una mala madre - dije con sinceridad y

