Capítulo 8 — Todo está bien
Pasaron algunos días en los que Ania siguió en prisión sin volver a recibir la visita de su esposo, solo su hermana, Alicia, estaba al pendiente de ella.
Era una tortura estar encerrada en ese frío y solitario calabozo, pero Ania encontraba alivio en las visitas diarias de Alicia, quien le llevaba cambios de ropa, comida fresca, revistas o libros para su entretenimiento.
Hasta que, por fin, llegó el día en qué Liam regresó, y entró a los calabozos, acompañado de un policía.
— ¡Liam…! — Ansiosa por verlo de nuevo, Ania se pegó a la reja. — Regresaste…
— Si, así es, y vine porque yo siempre cumplo mi palabra… Use todas mis influencias y gasté millones, pero ya está todo resuelto… Finalmente serás libre… — Comentó Liam, manteniéndose a cierta distancia de la celda de Ania.
— ¿Qué? — Ania abrió los ojos de par en par, sorprendida y contenta, casi saltaba de la emoción, mientras que el policía abría la puerta de la celda.
— Volverás a casa… — Completó Liam y Ania no pudo contenerse, apenas vio la reja abierta, ella corrió para lanzarse sobre su esposo, dándole un fuerte abrazo.
— ¡No te equivoques…! — Liam tomó los brazos de Ania para apartarlos con fuerza, haciendo un gesto de repugnancia, ella se separó de él, confundida y asustada. — Ya te dije antes, que esto lo hago solo por mis bebés, no por ti… Para mí, tú ya no eres nadie, ni vales nada…
Por un momento, ella ya lo había olvidado.
Había sido tanta la emoción de finalmente salir de ese calabozo, que Ania había olvidado por completo el desprecio y odio de su esposo.
Levantando el rostro intentando mantener algo de dignidad, Ania no tuvo más remedio que abrazarse a sí misma y seguir a Liam en silencio, hacia la salida.
— Antes de volver a casa, pasaremos primero por el doctor para que te chequee y verifique que todo está bien con los bebés… — Fue explicando Liam a medida que avanzaba, mientras que Ania lo seguía, asintiendo. — Te dieron casa por cárcel, así que vivirás encerrada… Yo me encargaré de eso, ya tengo una habitación preparada para ti…
«¿Una habitación aparte? Claro, es lógico, ya no volveremos a dormir juntos, jamás» sopesó Ania con un nudo en la garganta, cuando llegaron a la salida y el sol brilló en su cara, encandilándola.
— ¡Hermanita! — Alicia corrió hacia Ania, abrazándola con fuerza.
Ania sonrió aliviada, su hermana estaba allí, esperándola, solo Alicia seguía allí para ella.
Alicia se había convertido en el apoyo de Ania, su socorro y su soporte, era todo lo que le quedaba, pues sus padres habían fallecido hacía varios años.
Pero Ania estaba agradecida de tenerla, hoy más que nunca, a pesar de que en el pasado no se llevaban tan bien, Ania se sentía muy afortunada de que Alicia estuviera con ella en un momento tan difícil.
— Vamos… — Gruñó Liam, incómodo, viéndolas desde cierta distancia. — No necesito perder tiempo, tenemos que continuar…
*
— ¿Entonces todo está bien, Álvaro? — Le preguntó Liam al doctor.
— Sí, todo está en orden. — Asintió el doctor, llenando unos papeles con algunas indicaciones, para dirigirse a la paciente. — Ania, ya puedes ir a la otra habitación para vestirte…
— Sí, gracias… — Musitó Ania, cubriéndose con la bata para retirarse.
— Liam… — Apenas Ania cerró la puerta de la otra habitación, Álvaro dejó de escribir en los papeles y se dirigió a Liam, viéndolo con mucha seriedad. — Entiendo que lo que estás pasando es muy difícil, el dolor de perder a tu madre hace poco y de forma tan repentina debe ser abrumador… Sé que la respetabas mucho.
— ¿Qué? — Liam arrugó el entrecejo, confundido con las palabras de Álvaro.
— Lo siento, sé que no es problema mío, pero esto que te quiero decir, no te lo digo como médico, sino como un amigo… — Continuó Álvaro, algo apenado.
— ¿Qué cosa?
— Es que en la consulta de hoy me di cuenta de que estás muy frío y serio con Ania… Y me imagino que se debe al dolor del repentino fallecimiento de tu madre, lo que te mantiene así… — Explicó Álvaro. — Pero por favor, te pido, no dejes que la perdida de tu madre afecte tu relación con Ania, su relación es una de las más sólidas y adorables que jamás vi y este cambio, está frialdad, puede afectarla a ella, en su estado de ánimo…
Por un instante, Liam deseo gritarle, decirle que no había motivos para meter la mano por esa mujer y contarle a Álvaro el horrible crimen que su esposa había cometido y que explicaba su frialdad hacia ella.
Pero tanto Liam, como todo su equipo de abogados, junto a todo personal involucrado, se habían esforzado mucho para mantener todo este asunto del asesinato de su madre, lo más secreto que pudiera ser posible, así que, a Liam no le quedaba de otra más que morderse la lengua y contenerse.
— Lo sé, Álvaro, gracias por preocuparte, debo mejorar mi actitud… Pero Ania me entiende, ella entiende mi dolor… — Fue todo lo que se le ocurrió decir a Liam.
— Ania te ama… Y, por lo tanto, ella hará todo lo posible por callar su incomodidad para que tú te sientas bien, pero estoy seguro de que ella te extraña, al Liam de siempre, el esposo atento y enamorado… — Alegó Álvaro. — Ania no tiene la culpa de lo que sucedió con tu madre, así que, por favor, no seas tan duro con ella…
¿Qué ella no tenía la culpa de lo que sucedió? Liam sonrió, intentando no ahogarse al tragarse todo su veneno.
— Entiendo, sé que te preocupa y… Sé que me lo dices porque eres su amigo… — Mascullo Liam, intentando verse tranquilo y sonriente, aunque era obvio para Álvaro, su incomodidad.
— No, Liam… — Álvaro sonrió. — Lo digo porque también soy tu amigo… Soy amigo de los dos… Solo que a Ania la conozco desde mucho antes que a ti… Pero eso no cambia nada, porque a ti también te tengo estima y respeto por igual…
— Bueno… Eso es un gran alivio… — Soltó Liam.
— Es solo un consejo, para que no afecten su relación…
Liam intentó simular, como si nada pasara y trató de comportarse y conversar como antes de perder a su madre.
Ambos sonrieron y en ese momento, Ania salió de la otra habitación.
De inmediato, Liam se levantó y tendió su mano hacia Álvaro para darle un apretón y despedirse.
— Muchas gracias por todo, Álvaro.
— No hay de qué… — Álvaro también se levantó, dándole la mano a su amigo. — Bueno, ya saben, cualquier duda o consulta, llámenme y estaré atento…
— Claro, claro… — Respondió Liam, abriendo la puerta, Ania solo asintió con una pequeña sonrisa.
— ¿Escuchaste, Ania? — Álvaro llamó su atención, antes de que ella saliera. — Si necesitas algo, lo que sea, cuentas conmigo… — Murmuró él y ella le sonrió al ver la convicción con que lo decía, está vez ella le sonrió de verdad y no la sonrisa fingida o actuada que él conocía bien.
— Gracias. — Musitó ella, para marcharse tras su esposo.
— ¿Qué les dijeron? — Alicia los abordó apenas salieron del consultorio, mientras que ella estuvo esperando en la recepción. — ¿Está todo bien? ¿Los bebés están bien?
— Si, tranquila hermana, todo está bien…
— Ah, que alivio. — Alicia abrazó a su hermana, mientras que Liam las observaba desde la distancia, irritado.