EMMA Después de hacer tal hazaña, mi mente quedo en blanco. Sentí como mis poderes evolucionaban poco a poco, sentía mi cálida sangre correr por mis venas, sentía como ese frio aire entraba por mis fosas nasales y llegaba hasta mis pulmones. Escuchaba la voz de Daniel –Emma–, pronunciaba mi nombre con desesperación. –¿Esta bien?–, preguntaba otra voz. –Está claro que no lo está. ¿Qué no vez el estado en el que se encuentra?–, no podía ver su cara pero estaba claro que Daniel estaba preocupado por mí. –Dios, Emma despierta. No hagas esto de nuevo–. Algo dentro de mi mente cambiaba, recuerdos llegaban a ella. Recuerdos que tal vez había olvidado al crecer. De pronto apareció una mujer de cabellos rojizos y ojos azules como los míos. Esta se encontraba sosteniendo a un bebé entre sus b

