Ese día llovía copiosamente, los truenos y relámpagos iluminaban el cielo. Ya no les tenía miedo, de niño sí, pero ya no lo era, había crecido muy rápido. No hablaba mucho ¿Con quién hacerlo? A veces lo hacía solo para no perder la costumbre. Estaba comiendo un pedazo de pan, lo único que había logrado encontrar cuando escucho un terrible estruendo. Salgo asustado para poder saber que había ocurrido y me encuentro con un panorama aterrador. Dos autos estaban destrozados, dentro de uno, entre los hierros retorcidos había una joven mujer que parecía muy mal herida. Me acerqué para ver si podía ayudarla. Mientras que del otro auto baja una mujer muy bien vestida, muy hermosa, pero que tenía una mirada fría y desdeñosa. Cuando posó sus ojos en mi sus labios se curvaron convirtiéndose en un

