–¿El de tercero de secundaria? –pregunta él. –Sí, ese. Está atontado, de verdad. ¿Pues no va y me viene con que a mí no me pega ser profesora? Dice que tengo cara de cantante de ópera. Todos los niños han empezado a reírse y se me han descontrolado un rato. Trafalgar la observa durante un instante y dice: –Sí que tienes cara de cantante de ópera. Los pómulos marcados, la nariz fina, la forma alargada. Sí. Me pega. –Ah, estupendo pues. Ya me pondré a ello –guiña un ojo y le lanza un beso, un gesto que sorprende a Trafalgar–. Si me oyeras cantar, no dirías lo mismo. –También podrías ser juez –dice él, sonriendo. –Si fuera juez, metería en la cárcel a ese niño, de forma preventiva. Total, acabará siendo un quinqui. –Si se lo decimos todo el rato, seguramente sí. Supongo que podríamos e

