–Ya estoy –dice él. Ella echa a andar y él la sigue, poniéndose a su lado derecho, al otro lado de la luna menguante. –¿Hacia dónde vamos? –pregunta Trafalgar. –No sé. Improvisaremos. Y así, a cada paso, se van escribiendo las palabras de un trayecto que no conoce su futuro. Ni él ni ella sabrán nunca con certeza quién le ha dado la mano a quién, pero el caso es que ahí van, cogidos de la mano por el paseo marítimo de ese país que está, de hecho, exactamente en el mismo sitio que cualquier otro. 03 A las 14:00 del viernes 26 de septiembre Trafalgar entra en el bar acostumbrado, el de los menús económicos y abundantes y, como es habitual, va solo. Aquel contexto le parece propicio, pues en ese momento no necesita compañía alguna aparte de sus propias disquisiciones mentales. No sabrí
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