Unos cuantos momentos de felicidad se habían opacado con la llegada de los tres hombres. Mi prometido me dio un beso en la frente antes de disculparse por la interrupción; le habían dicho que tenían el informe y que lo habían revisado por completo. Era importante que él se reuniera para la evaluación. Creo que dijeron todo, pero nada, porque no tengo un solo hilo del que jalar. No lo presiono. Vito entra a la casa conmigo, me asegura que es solo una reunión que debe atender personalmente y que no quiere que me quede despierta innecesariamente. Le doy un beso. —Tenemos un hijo en camino, Vito. No sé si puedo prometerte que él va a heredar esto, pero necesito entender de qué va, a qué estamos sometiendo nuestras vidas y la del niño. —Tu única preocupación debería ser Mauricio, no esto. —

