Que agradable se siente, parece como si estuviera en el paraíso, sus labios recorriendo cada rincón de mi cuerpo. Siento a mi Omega deleitándose de ese calor que provoca con cada rose. —Diego. —Gimo aun sin abrir mis ojos. —Mateo, eres hermoso. —sus dedos delinean sobre mi vientre marcado. —te deseo tanto —me gruñe sintiendo su respiración sobre mi cuerpo. Abro mis ojos encontrándome con los suyos, malditos ojos cafés que me enloquecen. Se muerde el labio inferior bajando sus ojos a los míos que se abre con deseo de sentirlos. —Mateo, mi Omega —gruñe besándome. Lo tomo con fuerza del cuello profundizando el beso, mi lengua entra a su boca en busca de la suya con anhelo, ¡maldita sea como puedo desearlo tanto! Comienzo a gemir sintiendo su dureza golpeando en mi vientre. Su lengua se e

