La mirada furibunda de Lucía que le lanzaba a Luis era tan intimidadora que él solo se limitó a sostenerla, pero su débil carácter, no se lo permitía con firmeza, por lo tanto, lo hizo por un corto tiempo. –¿Qué te pasa? – Termino con la tortura de la mirada escrutadora de ella, porque ya estaba muy nervioso. –¿Te molesta algo? Ella que estaba frente al minibar, porque estaba sirviendo un momento al momento cuando sonó el teléfono, bajo la mirada a la copa que tenía en la mano y bebió un trago del whisky sobre las rocas que contenía. – ¿Con quién hablabas? – camino lento y se envió en un gran sillón de cuero n***o de la oficina donde se encuentran los dos hablando de negocios ante la interrupción. –Bueno, ¿Qué te pasa? ¿Acaso no escuchaste la conversación? Con don José Bonantte – Dijo

