Si algo había deducido de este endemoniado viaje es que debía aprender italiano. En lo que llegamos al famoso hospital, Emilia se precipitó al primer puesto de atención hablando en este idioma. ¿Qué? Ni lo sé. Pero mi madre y yo pensamos que le dieron una negativa. Un gran error. Nadie le debía dar negativas a una novia el día de su boda. Peor, a una novia embarazada el día de su boda. Emilia comenzó a gritarle en esa lengua romance muchas palabras, palabras que me sonaban a amenazas y a mentadas de madre. También señalaba mucho su vientre inflado con evidentemente un bebé. El escándalo fue tanto, con media sala pendiente de ella, que por fin le dieron lo que quería. Un enfermero se ofreció a conducirnos, y esperamos que fuese a Diego. Lo seguimos por el pasillo, después subimos al ascen

