Mis retratos familiares en el piso, mis muebles manchados, y esa pared que con tanto amor pinté, cubierta de una desagradable palabra. Esa fue la bienvenida que me dio mi hogar después de la boda de ensueño de Diego. Me quedé estática tras vaciar mis pulmones con mi grito al presenciar esta desgracia. Sin embargo, afortunadamente no estaba sola. Caroline pensó mejor que yo la situación, me condujo fuera de la casa y llamó a la policía. Recuerdo que nos resguardamos en mi auto, y salimos de la propiedad, esperando a que apareciera la patrulla. En ese lapso de tiempo, que, aunque fue corto, la ansiedad volvió a mí. La sensación de que era observada a donde fuese que fuera, y el que hubiesen entrado en mi casa cuando yo no estaba, me tenía tan enferma. Me sentía tan ultrajada, tan adolorida

