Esa noche, Edward me hizo dormir, estaba tan cansada que no podía conciliar el sueño. El hechizo era muy poderoso y me arrebató mucha energía. Al día siguiente, desperté con más energía, pero algo había cambiado, sentía la presencia de Elizabeth, pero ella no estaba presente, ¿o sí? ―¿Cómo te sientes, amor? ―me preguntó Edward. ―Bien, más descansada, ¿y los demás? ―Están en el sótano buscando algunas cosas que nos puedan ayudar, libros viejos de magia… ―Ah. Ojalá encuentren algo bueno. ―Sí. ―¿Cómo estás con tus presentimientos? ―Igual, siento que cada momento, cada minuto es crucial. ―Yo amanecí sintiendo la presencia de Elizabeth muy fuerte. ―Quizá esté cerca. ―Puede ser. Ojalá no se le ocurra venir pronto. Edward me abrazó con una mano y la otra la puso en mi vientr

