Marcos No podía creer lo que había ocurrido en aquella audición. Aunque habían pasado algunos días, la adrenalina todavía corría por mis venas y mi corazón latía como si quisiera salir de mi pecho. Había soñado con ese momento durante semanas, y ahora que por fin lo había vivido, sentía que todo podía cambiar para mí. La música era mi vida y aquella beca representaba la oportunidad de dedicarme por completo a ella, de construir un futuro con lo que más amaba, sin tener que depender de mi padre. Me repetía una y otra vez cada detalle: la guitarra en mis manos, las notas flotando en el aire, los aplausos sinceros del público y la mirada atenta de los jueces. Había dejado mi alma en esa presentación y, por primera vez, pensé que quizás sí era suficiente, que tal vez tenía una oportunidad

