VIIIAl día siguiente no hallé tampoco quien me llevase a Madrid; pero deseando vivamente saber de Inés y oír de sus propios labios si era verdad o mentira la bienaventuranza que le habían ofrecido los Requejos, determiné marcharme a pie, lo cual, si no era muy cómodo, era más barato. D. Celestino y yo hablábamos de esto, cuando Lopito entró a buscarme. —Esta noche —me dijo al bajar la escalera— tendremos fiesta. No lo digas ni a tu camisa, Gabrielillo. Pues verás... Aquel papelote que escribió ayer el Rey es una farsa. Bien decía yo que D. Carlitos, con su carita de pascua, nos está engañando. —¿De modo que hay viaje? —Tan cierto como ahora es día. Pero como no queremos que se vayan, porque esto es enjuague de Napoleón con Godoy para luego repartirse a España entre los dos; como no quer

