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2071 Words

XCuando revolvía uno de los armarios, aparecieron varias cruces o condecoraciones; pero algunos de los presentes ni aun me permitieron tocarlas, y pusiéronlas todas en una bandeja de plata, para devolverlas, según decían, al Rey en persona. Lo más singular de la determinación de aquellos cortesanos, tiznados con el hollín de la demagogia, era que disputaban sobre quién debía llevarlas, pues ninguno quería ceder a los demás semejante honor. Uno de ellos venció al fin; y no quisiera equivocarme, pero me pareció reconocer al señor de Mañara. Con el crecer de la llama parecía que cobraban nuevos bríos los quemadores, si bien puede atribuirse este fenómeno a que algunos zaques dieron vuelta a la redonda, humedeciendo los secos paladares, y alegrando los ánimos que un trabajo tan duro como patr

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