Capítulo 4

1675 Words
Solo conoció una puerta el día anterior y por lo menos había otras cinco en dirección del lado derecho. Sacudió la cabeza concentrándose y dejando atrás el nerviosismo. Decidió que lo primero sería preparar la agenda de su jefe, tomó la impresión que hizo ayer y se dirigió hacia la gran oficina. Abrió con familiaridad, especialmente porque el dueño no llegaría aún para intimidarla sin siquiera estar al tanto, o eso pensaba. Dejó el papel sobre el escritorio, subió los visillos para dejar la espléndida vista y entrara luz natural. Encendió la computadora, arriesgándose a un grito del señor Gottier, entró en su agenda personal archivando todas sus citas planificadas para las siguientes dos semanas, así tendría una idea de lo que se venía sin esperar a que ella estuviera interrumpiéndolo para recordarle. Sería algo coordinado entre ellos. A cada horario le puso una alarma discreta que aparecería en una esquina de la pantalla del computador, igual como a ella en su lugar de trabajo. Luego llamaría a alguien de informática para que sincronizara ambos computadores, podría ser de mayor eficiencia y no irrumpiría en las cosas privadas del jefe. Con todo listo volvió a la recepción, donde ya su compañera de trabajo comenzaba el día. Saludó a Rebeca con una sonrisa tímida en comparación con la de ella, se acercó preguntándole donde se hacían las conferencias, ella dejó sus cosas rápidamente guiándola a la puerta que estaba a un lado de la oficina de su jefe. Dentro parecía cualquier cosa menos una sala de video conferencias. Se disfrutaba de todas las comodidades para que fuera la sala de un departamento y no un lugar de trabajo lo que lo hacia mas comodo. Sillones de cuero n***o y blanco, muebles de madera y mármol n***o al igual que la decoración de todo el edificio. Una mesa de centro donde descansaba un portátil y enfrente una pantalla plana junto a toda la implementación necesaria. Las paredes blancas y el ventanal sin cortinas donde se exponía la gran vista a la ciudad para apreciar el paisaje. Bella no pudo evitar quedarse mirando unos segundos más de lo necesario. Rebeca le informó que este lugar de ocupaba exclusivamente para el señor Gottier: reuniones, citas, conferencias o solo para pasar un momento fuera del estrés de su oficina; nadie más tenía permitido utilizar aquel espacio. Por lo general cualquier reunión que se agendara con la señora Marta o el abogado, se realizaban ahí; la sala de reuniones era para eventos más formales y su despacho solo era para sí mismo o asuntos muy, importantes que necesitaran de total discreción. Sofia debía averiguar cuáles eran esos asuntos o las personas que necesitaban de aquel trato. La chica asintió mientras recorría el lugar con la vista pensando en todo lo que podría necesitar esa mañana para la junta. Volvió a su lugar de trabajo, tomó la carpeta lista con toda la información que recopiló la tarde pasada sobre la asociación con el señor Sifuentes. La cafetera ya preparaba el capuchino y el reloj decía que eran las ocho y veinte. Como si estuviese todo sincronizado, las puertas del ascensor privado se abrieron dejando el paso al dueño de aquel impero, tan serio, erguido y perfecto como el día anterior con su traje de marca completamente n***o su camisa blanca y corbata roja. Tras él, Camila hacía presencia con su traje impecable como ayer: n***o, camisa blanca y corbata negra, éste último dio los buenos días siguiendo a su protegido. Sin perder tiempo volvió corriendo a la sala, dejó la carpeta, encendió la televisión, preparó el portátil para conectarlo a esta y apreciar mejor la videollamada. Se conectó, vio a la asistente del señor Sifuentes quien le confirmó que todo se hallaba en orden, ambas se sonrieron. Sofia volvió a la recepción, sirvió el capuchino que habia preoarado, llevó la taza hacia la sala y esperó a que su jefe apareciera. El señor Gottier abrió una puerta lateral que imaginó colindaba con su oficina, esa que llamó su atención la primera vez que entró. Éste la miró de reojo saludándola e informándole que en una hora más debía estar en su oficina para coordinar el día. La chica solo asintió y como el día anterior, caminó de espalda sin dejar de mirarlo, esperó a que el hombre se sentara antes de retirarse. Bien, primera fase concluida. Se sobresaltó cuando se encontró con el hombre alto, de tez oscura frente a ella. Serio y recto, aunque pudo ver que solo aparentaba serlo como parte de su trabajo, luego que le regalara una sonrisa amigable. Lo saludó con cortesía, éste asintió dando los buenos días y diciendo su nombre completo. —Camila Bracho, guardaespaldas del señor Gottier, nos veremos seguido si acepta el trabajo. Lo que necesite para el jefe, solo debe pedirlo. —Gracias… Eh, ¿quiere un capuchino? —El hombre volvió a sonreír mientras negaba. —No, gracias, señorita Sifuentes. Lo vio caminar hacia la puerta donde su jefe debía estar en su reunión con el señor Sifuentes, tomó una postura rígida y los ojos al frente. Se preguntó qué haría mientras el señor Gottier no necesitaba de sus servicios, ¿solo quedarse de pie esperando? ¿Observando el vacío? Cuando volvió a su puesto, el espacio de su compañera se encontraba vacío. Se encogió de hombros concentrándose en sus cosas que tenia que hacer, dejó la tablet y un lápiz a la mano para cuando pasara la hora que planificaba su jefe. Hizo algunas llamadas para contactar por fin con Ernesto Lacava, confirmó que el informe figuraba terminado, el cual enviaría por correo electrónico y en tres horas podría comunicarse para hablar con su socio. Se sintió más satisfecha cuando dos artistas llamaron para acordar que donarían a la beneficencia una de sus obras mas iconitas, por lo que recaudaba siete en menos de dos días. Le echó un vistazo a la hora, alcanzaba a llamar a la fundación para que informaran de la noticia, luego tomó sus implementos de trabajo y corrió a la oficina de su jefe. Dio una ojeada al pasillo verificando que Cula ya había dejado su posición, por lo que estarían en la oficina, tocó la puerta con tres golpecitos y esperó. Escuchó como el señor Gottier hablaba por teléfono, cuando colgó la llamada se atrevió a golpear nuevamente recibiendo un “adelante”. Bajó la mirada por respeto mientras se dirigía hacia el escritorio quedando en frente. Se sorprendió cuando al fijarse en el hombre, éste se detenía en su presencia fijamente. Sin saber que hacer dejó la vista atenta a cualquier reacción de su parte; su jefe aligeró la expresión acomodándose en su silla girándose hacia el monitor de su computador. Sofia miró de reojo percatándose como una ventana parpadeaba: una cita agendada. —¿Qué significa eso? —preguntó el hombre volviendo a ponerle toda su atención. Ella suspiró intentando calmar el temblor de su cuerpo que sentia en ese momento. —Me he tomado la libertad de anotar todas sus citas de las próximas dos semanas en su agenda personal, así siempre estará pendiente de lo que viene. Tanto en mi computadora como en la suya parpadeará el aviso, igualmente le daré un informe sobre ella todos los inicios de semana por si hay que realizar cambios… Solo creí que sería una buena idea, también quería tomarme la molestia de informar de esto al departamento de Sistemas para que sincronice los computadores así no invadir su propiedad privada para nada. —Aunque ya no sabía si era lo correcto al ver el rostro de su jefe. —¿Qué más tenemos para hoy? Sofia volvió a respirar al no recibir los tan hablados gritos del empresario. Sin más expuso los llamados de esa mañana, y todo lo que ella planificaba para ese día. El hombre solo asentía contemplando de vez en cuando la pantalla a un lado suyo y luego fijando una mirada penetrante sobre ella. —Solo faltaría saber si almorzará fuera o tengo que hacer algún pedido del jefe —concluyó la chica. Su cuerpo se relajó un poco cuando su jefe suspiró. —Llego todas las mañanas a las ocho y veinticinco, en el caso de llegar antes se lo informaré para que también lo haga así podamos solucionar lo que sea previsto. En este tiempo reviso documentos y hago llamados hasta las doce treinta. Siempre salgo a comer afuera y no vuelvo hasta las dos de la tarde; si ocurre algo urgente debe llamarme a mi celular. Desde ahí hasta las cinco, trabajo en todo lo que tenga programado o por lo general reuniones que estén agendadas. Si hay mucho que detallar puedo quedarme hasta más tarde. No soporto las interrupciones sin una justificación, solo soluciono temas que usted ha asignado, a lo menos que haya algo urgente. Me gusta tener el control de mi empresa, señorita Sifuentes … Y espero eso de usted, que pueda tenerlo sin inconvenientes. —Sí, señor Gottier —dijo con voz apagada, sorprendida del itinerario. —Si eso lo deja claro, el trabajo es suyo Sofia, espero no me decepcione. La chica, sorprendida, levantó la cabeza con brusquedad. El hombre la observaba atentamente como si esperara gritos de alegría e incomodidades, pero se controló, asintió, preguntó si necesitaba otra cosa. Él negó, caminó sin quitar la mirada de él, hasta que llegó a la puerta cuando por fin el señor volvió la vista hacia la computadora. Aún con el asombro, llegó a su puesto de trabajo, el guardaespaldas de su jefe conversaba con Rebeca. Ambos se interrumpieron al verla llegar mirándola con preocupación, al parecer no tenía la cara indicada. Solo susurró las mismas palabras del señor Gottier. Su compañera se paró del puesto con alegría llegando frente a ella para felicitarla con un abrazo. El hombre le dio una sonrisa dándole la bienvenida al equipo. Camila avisó que estaría en el subterráneo por si el jefe necesitaba de sus servicios. La chica asintió aún anonadada por lo que ocurría.
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