Tres semanas bastaron para que Sofia fuera anunciada como la mano derecha del señor Gottier frente a toda la directiva y asociados dentro de la joyeria, dejándola a cargo cuando debió hacer un viaje a Estados Unidos. Toda una empresa en sus manos, para hacer y deshacer lo que creyera correcto. ¿Y eso no daría de qué hablar? Había que ser muy ingenuo para creer aquello. Ya para esas fechas les era normal que la chica pasara todas las mañanas encerrada con su jefe en la oficina. Se encontraban a las ocho y treinta y no dejaban el lugar hasta las diez, cuando el empresario tomaba las reuniones o llamados agendados para el día. En varias ocasiones, eran sorprendidos conversando muy juntos en el escritorio cuando Karla, Javier o cualquiera que trabajara en el último piso de Joyerias Gottier toc

