Yo ofrezco protegerla bajo mi apellido y usted aparenta ser esa mujer que está locamente enamorada de mí. ¿Qué dice? —incentivó el señor Gottier con naturalidad. —¿Quién más sabe de esto? —preguntó Sofia intentando cambiar el rumbo de la conversación. —Mi abogado, usted y yo. —¿El señor Dumot? —interrogó aterrorizada, él asintió. —Javier es un buen amigo y excelente abogado, mantendrá este arreglo bajo siete llaves si es necesario. Puede confiar en él —Contestó el hombre, ella asintió — Bien, ¿Qué dice? ¿Acepta? —¿Puedo pensarlo? El señor Gottier suspiró, en un murmullo se dijo que era mejor eso a una negativa rotunda. Le dio el fin de semana para pensarlo, el lunes a primera hora debía tener una respuesta, no podían perder tiempo, más si necesitaban aclarar algunos puntos d

