Fenrir estudió el rostro de Astrea con curiosidad en sus ojos. —¿Esto? — Tocó algunas cuentas y una sonrisa se formó en sus labios. —Mi padre me dio esto. Fue hace mucho tiempo. “Pero, eso no es por lo que el Maestro lo quiere”, murmuró Nova. “Nope”, Astrea estuvo de acuerdo. “Pero no puedo decirle eso”. —Sin embargo, eso no es lo único que lo hace especial — intentó otro enfoque. —Fenrir, no estoy aquí comiendo piedras por respuestas vagas. —No, no lo estás — él estuvo de acuerdo con una sonrisa. —Las estás comiendo por terquedad. —¿Por qué es especial este brazalete? — repitió ella. —Guarda cosas — respondió Fenrir después de unos segundos de contemplación. —Cada cuenta es única e invaluable." Eso era lo más parecido. —¿Exactamente qué es lo que guarda? — se inclinó haci

