IVÁN Gabrielle seguía con lo mismo cuando volví dos horas después. La única diferencia era que se había dirigido al otro lado de la habitación desde que la dejé. "Tenías razón, Iván" –dijo soñadoramente mientras miraba el cuadro del perro que le había mencionado antes. "Claro que tenía razón" –dije, sin importarme que no tuviera ni idea de lo que quería decir. Estaba contenta y eso me bastaba. Me acerqué a ella por detrás y le pasé las manos por los hombros, incapaz de guardármelas un momento más. Ella se inclinó hacia mí e inclinó la cabeza, dándome acceso en un gesto perfecto, haciéndome saber que quería mis caricias. Era inútil que intentara resistirme, así que ni siquiera me lo planteé. En lugar de eso, pasé el siguiente minuto recorriendo con mis labios la deliciosa curva de su cu

