Sentí que se me crispaba la mandíbula al mirar el reloj. Esto era jodidamente irritante. Leí por tercera vez el correo electrónico que me había impreso Lowell. Gabriel Hargreave se desplazará hoy desde Belfast para evaluar su colección. Paul Langley Bueno, entre las cuestiones que dominaba el tal Gabriel Hargreave sin duda no se encontraba la hora. Ni siquiera sabía utilizar un teléfono. Jodido artista de mierda. Me había quedado en casa esa tarde con el único fin de estar presente para recibir al estudiante que Langley había contratado para clasificar la colección. Y por el momento, Hargreave no me había impresionado en lo más mínimo. Estaba convencido de que los jóvenes de hoy en día no poseían voluntad para tener éxito. Ni iniciativa. Ni compromiso. Era patético y humillante tener

