Noviembre 2015 Bianca, con las heridas del cuerpo sanadas pero las del alma aun sangrando, acomodaba las últimas cajas, que llevaría a la mañana siguiente a su nuevo departamento. Los recuerdos de aquella casa eran tan vivos que la golpeaban en cada rincón, casi sin tregua. No se sentía capaz de vivir, pero si iba a intentarlo estaba segura de que no podría hacerlo rodeada del pasado. Le había pedido a su amiga Laura que desarmara las pocas cosas de la habitación que había comenzado a preparar para su hijo y a Lautaro que se llevara la ropa de Benjamín para que su hermano Tomas decidiera que hacer con ella. Sus cosas no habían representado gran dificultad, y su madre se había encargado de embalar los artículos de la cocina. Con la inminencia de la casa vacía, se tomó unos segundos para

