La tarde había volado. Su madre la había pinchado, masajeado, limado y depilado. Su madre había exclamado una y otra vez sobre tal lujo. Por su parte, Bella había aceptado todas sus decisiones diciéndole desde el principio a Belinda: «Ya sabes cómo es mi disfraz. Haz lo que creas mejor». Se había aferrado a la cadena que él le había dado por la tarde, y finalmente reconoció al hada como una versión muy adulta del personaje de Disney, Campanilla, que tanto amaba de niña, y sonrió. Recordó haber intentado volar y haberse lastimado al saltar de mesas y sillas con alitas. Mel había llegado para encargarse de los preparativos en el jardín mientras Joe subía para unirse a ellas. Bella y su madre estaban sentadas juntas en el balcón al anochecer, y Bella escuchaba a su madre preocuparse por el

