Quinn apretó los dientes mientras su m*****o se deslizaba dolorosamente contra sus paredes estrechas. Dolía... pero el dolor era delicioso. Por un lado, le costaba seguir el ritmo con las piernas, y por otro lado, inundaba su interior fervientemente, brindándole un placer inigualable. Sus manos temblorosas cayeron sobre su pecho, arañando su piel suave mientras pronunciaba su nombre. —Z-Zayd... —Sí, pequeña roja... ¿qué pasa? Agarró sus muñecas, manteniendo sus manos quietas. —Ni siquiera está a la mitad... ¿estás segura de que puedes manejarlo? Quinn respiraba a través del dolor. Sabía que ni siquiera estaba cerca de aceptarlo por completo. Solo había pasado la cabeza, y sentía como si no pudiera ir ni un centímetro más. Estaba tan cerca también, peligrosamente cerca de explotar.

